
Un 11 de noviembre pero de 1951, por primera vez en la historia una mujer podía ingresar al cuarto oscuro y elegir quienes serian sus próximos representantes del poder político. De esta forma se comenzaba a forjar la igualdad de condiciones. El día 10 de febrero de 1912 se crea la Ley Sáenz Peña que estableció el sufragio universal, secreto y obligatorio a través de la confección de un padrón electoral, pero solo incluida a los hombres argentinos nativos, no pardos y de cierto status.
Hasta que en 1947 durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón sanciona la Ley 13.010 donde también incluye a las mujeres en el voto obligatorio y las habilita para poder ser candidatas y elegidas por el pueblo.De todos modos, las banderas feministas por la igualdad de derechos y la inclusión política habían sido levantadas en el país ya desde principios de siglo, e incluso hasta 1942 más de una decena de proyectos de ley habían danzado sin éxito por los despachos parlamentarios. Inclusive en 1920 se realizo un simulacro de votación femenina en forma de protesta, se acercaron cerca de 4.000 porteñas, pero fueron el hazmerreir de los compadritos de esos años. Según consta en el libro "Julieta Lanteri. La Pasión de una mujer", de la historiadora y periodista Araceli Bellota, esta transgresora y luchadora, que se graduó como médica, formó su propia agrupación, el Partido Feminista Nacional, y se postuló como candidata a diputada nacional en 1919.
Pero esa no fue su primera conquista: siempre volcando a su favor los recovecos de la ley y poniendo en un brete a la Justicia, el 23 de noviembre de 1911, Lanteri logró que la habilitaran para votar en las elecciones de concejales. Así, 40 años antes de que fuera una realidad el voto femenino en Argentina, Lanteri se convirtió en la primera mujer en entrar a un cuarto oscuro en el país y, para algunos historiadores, también en Latinoamérica. El voto femenino es un hecho del gobierno de Perón, pero merece el reconocimiento por parte de si esposa “Evita” quien siempre lucho por la igualdad de condiciones de la mujer. Evita posibilitó con su fuerza personal un logro fundamental para las mujeres argentinas en el siglo XX, pero poco pudo disfrutar este evento histórico.
Aquel 11 de noviembre de 1951, la "abanderada de los humildes" emitió su primer, y último voto, y lo hizo desde el lecho de su residencia donde se encontraba postrada por la enfermedad que ocho meses después le provocaría la muerte.


