El gobernador Daniel Scioli sigue articulando su poder con los intendentes

En cuanto a la gestión, la última semana provincial fue de lo más movida. El gobernador Daniel Scioli sigue articulando su poder con los intendentes, y esa es la llave que pareció encontrar para domar el difícil potro bonaerense. El martes estuvo con una veintena de intendentes,  entre ellos el platense Pablo Bruera, y sus pares  Jorge Ferraresi (Avellaneda); Martín Insaurralde (Lomas de Zamora); Gustavo Sobrero (Lobos); Carlos Selva (Mercedes); Oscar Ostoich (Capitán Sarmiento); Patricio Hogan (General Alvarado); Alberto Gutt (Adolfo Alsina); María Lennon (San Antonio de Areco); Gilberto Alegre (General Villegas) y Daniel Bolinaga (Arrecifes). Y además, Omar Duclós (Azul); Mirta Sargiotti (Brandsen); María Gianini (Carlos Tejedor); José Medina (General Arenales); Germán Cestona (General Belgrano); Aníbal Loubet (General Guido); Alexis Guerrera (General Pinto); Juan Pablo Anghileri (General Rodríguez); Luis Acuña (Hurlingham); Alberto Gelené (Las Flores); Héctor Equiza (Punta Indio); Raúl Iribarne (Monte); Juan Carlos Caló (General Las Heras); y un representante de Pilar. En la ocasión, el mandatario habló de un estado “de obra pública permanente” y de ver el futuro “con buenas expectativas”.
Paralelamente a esos encuentros, el titular del Grupo Banco Provincia, Santiago Montoya, sigue buscando consensos para  el avance significativo del próximo cuadro provincial, basado en la regionalización. De esa forma, el estado bonaerense podría tener la reforma más profunda en el plano organizativo desde sus orígenes.
Scioli, al articular esas bases de gestión, está tejiendo el futuro inmediato, que se sella en unos meses más con el cronograma electoral, pero también entendiendo el desafío de los próximos años, en donde será un protagonista de fuste en la articulación del poder real del país. Mientras varios sectores corporativos lo empujaban para que se plante en el escenario nacional, no dudó en entender que su tiempo es la continuidad provincial, y aguardar un momento que llegará si es que no se involucra en la guerra de nervios. Paciencia de orfebre es la que debe demostrar el jefe de Estado bonaerense para construir en algún tiempo la pieza más importante de su carrera política.
En ese marco, y cuando también otros pensaban en que pondría el grito en el cielo, Scioli se prepara para demostrar un fuerte poderío en las primarias de agosto, si es que finalmente se levanta el intendente de Tigre, Sergio Massa, como su directo competidor. El intendente del conurbano norte, y ex funcionario nacional, empezó a alentar su armado con algunas herramientas cegetistas y también con cuadros intermedios del peronismo, que en la semana comenzaron la búsqueda de avales, como por ejemplo sucedió en La Plata con el concejal de ese sector, Carlos Melzi.
De todos modos, si es que finalmente hay disputa en el oficialismo bonaerense por la tira de la Gobernación, hoy la diferencia a favor de Scioli es lo suficiente como para que salga ampliamente ganancioso.
Como ocurre a nivel nacional, en la Provincia también se observa esta suerte de degradación opositora (Ver como complemento, más adelante, Una década perdida), al desvanecerse la alternativa más taquillera, que fue hasta ahora la de Francisco De Narváez, el líder de Unión Celeste y Blanco. Nuevamente en él se observa como principal yaga la carencia de un armado nacional que lo contenga, y los intentos desesperados de adherirse a planteos que poco tienen que ver con su concepción, como es el vinculado al pacto con el líder radical, Ricardo Alfonsín.
El devaluado mapa opositor también lo componen, en un mar de dudas, Margarita Stolbizer, quien tal vez termina siendo la dirigente con mayor claridad conceptual, pero con insuficiente fuerza como para poder erigirse en una alternativa de fuste; la deteriorada Coalición Cívica, con la postulación a la gobernación, casi testimonial, del actual diputado Juan Carlos Morán. Y el círculo lo cierra el Pro, quien puede convertirse en una herramienta feroz de daño para los intereses denarvaistas, porque, si es que no cierran a último momento, los seguidores de Mauricio Macri, pueden alzarse con unos puntos codiciados a partir de algún armado que ensayen vía Jorge Macri o Lidia “Pinky” Satragno.

Cristina sola, y la oposición a punto de recibir su voto castigo

Mientras Cristina F. de Kirchner se apresta a dar el sí públicamente, luego de que el Consejo Nacional Justicialista le haga formal la proposición para que sea su candidata, los actores opositores siguen sin acertar una sola movida que los haga recuperar terreno.
Como mencionábamos anteriormente, el pacto entre Ricardo Alfonsín y Francisco De Narváez no está siendo de gran ayuda para este último, pero tampoco le sirve demasiado al radical.
En la semana, Impulso Baires informó ampliamente sobre los problemas que está teniendo la construcción que quisieron articular Alfonsín y De Narváez. Mientas que el primero aún no lo puede cerrar en la interna de su partido y cada vez suma más rechazos, y además lesionó sus relaciones con los otros partidos progresistas, como por ejemplo el Gen, PS y demás; el segundo tuvo un testeo inesperado y con muy poco tacto político, ya que perforó en la sensibilidad radical al querer nacionalizar la movida.
Alfonsín y De Narváez discutieron en la semana porque el hijo de ex presidente le reprochó haber hablado de más, en referencia a declaraciones del empresario en donde sostenía que el acuerdo era “nacional”.
En un párrafo, el Colorado les dio la razón a todos los adversarios internos de Alfonsín, -como son una decena de intendentes, varios legisladores provinciales, y como si algo le faltar, también se alistaron entre los díscolos, Leopoldo Moreau y Fredi Storani-. Y dado que en política la ingenuidad puede ser poco entendida, el comando alfonsinista, encuesta en mano-, cree que el ex Casa Tía está arrepentido de lo hablado y quiere desarticular el pacto haciendo quedar a los boinas blancas como los responsables de la inviabilidad del mismo.
Lo cierto es que ni Alfonsín le está sumando a De Narváez, y mucho menos el peronista le aporta caudal al radical en el plano nacional.
En el bunker personal del hombre de Chascomús, ubicado en la porteña avenida Santa Fe, crece el fantasma de terminar absolutamente solos en la contienda de octubre, tal como pasó en la Ciudad de Buenos Aires, en donde terminaron con una candidata no querida para disputar la jefatura de Gobierno, como es Silvana Giudici, luego de que los seguidores de Enrique “Coti” Nosiglia no pudieran llevar al partido de modo formal al comando macrista, y la mismo tiempo en que Pino Solanas no los admitiera entre los apoyos a su candidatura.
El fantasma Capital merodea las oficinas alfonsinistas, y los más sensatos entre su entorno le dicen que el lunes o martes, luego de las elecciones santafesinas, se siente él mismo con Hermes Binner, y le proponga retomar el Frente Progresista, sin el Colorado y con Stolbizer. Claro que ahí el precio será otro, y los radicales para rebobinar sobre lo hecho tendrán que ser más generosos. De lo contrario, el fantasma se los devora.
 El resto de la oposición está siendo prácticamente un factor de adorno en la contienda, y no registran movimientos de jerarquía. Eduardo Duhalde, por ejemplo, no encuentra muchos dirigentes que se referencien con su causa, y lo propio Alberto Rodríguez Saá. En tanto, Elisa Carrió juega su propio partido, y su fe está depositada en los desaciertos alfonsinistas para que algún puntito más pueda terminar alentando su trayecto.


Una década perdida

Para reflexionar: mientras España está revuelta institucionalmente por estas horas, o en varios sitios del mundo se vislumbraron protestas de ciudadanos que se encuentran carentes de representación, en nuestro país la calidad institucional, producto de reformas políticas obtusas, sigue mostrando alertas.
En las últimas horas, y de forma errónea, se ha sostenido que en España se vive lo que Argentina atravesó en 2001, cuando la verdad posiblemente sea otra, y gire en torno a un llamado de atención de revueltas populares en el mundo occidental. Ya no es Oriente Medio son su recambio de jefaturas locales, sino que una nación de occidente que comienza a emitir señales de una sociedad que quiere más institucionalidad, y un nuevo formato de las prácticas democráticas.
¿Por qué decimos que perdimos una década?. Sencillamente porque el 2001 no nos dejó la merecida enseñanza. Cuando nuestra primera etapa republicana se derrumbaba, y debía anunciarse el nacimiento de un nuevo capítulo solo se dispusieron parches de ocasión, retorno a un presidencialismo fuerte, y prolongación de los mismos vicios que motivaron el quiebre.
Las anunciadas reformas políticas, una a una incluida la presente, fueron un fiasco. La “clase” política sigue estando más preocupada por resolver sus propios problemas que en facilitar mayores mecanismos de representación.
Es tan severo y dañino lo que ha pasado, que hoy podemos observar el corolario de esa falacia, y lejos de conseguirse un mayor advenimiento de nuevas figuras a la escena política, se premia lo clásico y existente.
¿Cuánto se gastó del 2000 a la fecha en comisiones y burocracia para una reforma política que hoy está pendiente?. Pasó la Alianza con la promesa del radical Fernando De la Rúa de modernizar las instituciones, le siguió Eduardo Duhalde inaugurando espacios burocráticos para empezar la reforma; prosiguió, en la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá con grandes anuncios, y se terminó en el contexto reformista actual, en donde oficialismo y oposición dejaron su sello: más burocracia, más restricción, menos participación.
Así es que, mientras sirvieron, se habilitaron hace cuatro años toneladas de sellos partidarios, y ahora se pasó al otro extremo: solo competirán en octubre, cuatro, cinco o a lo sumo seis opciones.
La sumatoria de esos desaciertos van a terminar haciendo pagar un costo alto. Los nuevos formatos de participación de la gente pueden concluir golpeando duro, incluso estas protestas de raíz “electrónica” serán más punzantes que las cacerolas del 2001. Redes sociales, mensajería instantánea y otros formatos de comunicación, van a ser utilizados con más frecuencia por las multitudes que quieren un cambio en serio y no refrescos de ocasión.
Es que la reforma aún está pendiente, y hoy más que nunca. Por eso se nota tanto el peligroso presidencialismo, por una parte, como la letal vigencia corporativa en los armados opositores.
Son preguntas, frases, disparadores, que tienen que ser debatidos, necesariamente, en los meses venideros.

Fuente: www.impulsobaires.com.ar

 

 

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